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Reflexión de gestión · 27 de septiembre de 2026

Una decisión de inversión empieza por la limitación operativa

Por el Dr. Ali Boorang

Antes de aprobar una inversión, quiero que el problema operativo esté bien definido. Un proyecto puede tener una presentación excelente y dejar intacta la limitación real. La primera decisión es qué debe cambiar en el negocio.

Definir la limitación antes de elegir el activo

Imaginemos un fabricante que estudia añadir una línea de producción. Si los pedidos esperan por un suministro irregular, una planificación deficiente o controles de calidad lentos, más equipos quizá no resuelvan el problema. Pediría al equipo que mostrara dónde se acumula el trabajo, por qué y cómo la inversión cambiaría esa situación.

La comparación debe incluir una alternativa creíble: mejorar el proceso, cambiar la combinación de productos, recurrir a un socio externo, invertir por etapas o mantener la estructura actual. No hacer nada también tiene costes y riesgos. Explicitarlos evita que el proyecto más grande se convierta en la opción por defecto.

Vincular la asignación de recursos a la estrategia

La investigación de McKinsey sobre asignación de recursos identifica la inercia como un freno a su reorientación estratégica.[1] Mi pregunta práctica es si el presupuesto, la atención de la dirección y el equipo de ejecución apoyan la misma prioridad. Financiar un activo sin prever quién lo operará es un compromiso incompleto.

Pediría las hipótesis decisivas: demanda, utilización, puesta en marcha, coste operativo y necesidades de caja. Después probaría un escenario desfavorable plausible. Si el proyecto solo funciona cuando todo sale bien, la dirección debe saberlo antes de aprobarlo. Un intervalo de resultados aporta más que una rentabilidad atractiva sin explicar sus condiciones.

Asignar la responsabilidad de materializar el beneficio

La aprobación debe identificar al responsable de ejecutar el proyecto y al de lograr el beneficio operativo tras la entrega. Defina el punto de partida, una fecha de revisión y la evidencia que justificaría continuar, cambiar o detener el proyecto. Invertir por etapas conserva opciones, pero también puede añadir costes o retrasos; ese equilibrio debe quedar claro.

Prefiero aprobar una mejora bien definida y con un responsable claro que un proyecto mayor cuyo beneficio operativo resulta incierto.

La próxima revisión de inversiones debería terminar con una decisión sobre recursos: qué se financiará, qué esperará y qué perderá prioridad. Una vez en funcionamiento, compare los resultados con las hipótesis originales y registre los cambios. Esa revisión mejorará la siguiente decisión si la organización está dispuesta a aprender de las diferencias.

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